Esta fue la primera pandemia informática de la historia

Considerando únicamente al correo electrónico y el potencial que este medio tenía hace dos décadas, hoy podríamos esperar, más que una pandemia informática, un apocalipsis tecnológico en caso de que llegase a aparecer un gusano de la talla del “LoveLetter”, la peligrosa carta de amor que nació un 4 de mayo del 2000.

Por: Joel Guerrero Vázquez

Director General de TrapX Security para México y Latinoamérica (joel@trapx.com)

Publicado 16/06/2021

Si tomamos en cuenta el desarrollo del correo electrónico, sumado al surgimiento de numerosas plataformas, dispositivos e infraestructuras de comunicación, hoy podríamos esperar, más que una pandemia informática, un apocalipsis tecnológico en caso de que volviera a aparecer un malware con las características del llamado LoveLetter.

El potencial que hace 21 años tenía el correo electrónico propició que este gusano se convirtiera en uno de los códigos maliciosos más peligrosos de la historia, el cual vio la luz el 4 de mayo del 2000, aunque a partir de entonces, se aprovecha la celebración del Día de San Valentín no solo para recordarlo, sino para alertar a los usuarios de tecnología acerca de los mensajes, imágenes y videos que reciben con asuntos relacionados al amor y la amistad.

Este erróneamente llamado “virus”, también conocido como ILoveYou, VeryFunny o LoveBug, ha sido catalogado como la primera pandemia informática al valerse del correo electrónico como principal medio de propagación y al aprovechar la masificación de internet y de las redes sociales (Facebook y Twitter en particular)..

Y cómo no caer en las garras de esta amenaza si incluía un fichero con extensión “doc” y además llegaba con el seductor asunto “Aquí está el documento que me pediste; no se lo enseñes a nadie”, pero, al abrir el mensaje, un archivo adjunto afectaba los documentos de Word.

Asimismo, el gusano aprovechaba su capacidad de ingresar a la libreta de direcciones de la víctima para luego enviar copias de sí mismo a todos sus contactos.

El hecho de simular una carta de amor con el titular “I Love You” resultó ser un verdadero cebo para los incautos usuarios domésticos y corporativos, demostrando el sorprendente nivel invasivo de este código malicioso.

LoveBug afectó a más de 50 millones de computadoras en todo el mundo en apenas cinco horas, aparte de provocar pérdidas superiores a los 10 mil millones de dólares y colapsar la web en tan solo cinco días.

 

De pandemia a apocalipsis

Hace dos décadas y media, el uso de internet era 100 veces menor comparado con las cifras de nuestros días, aparte de que el número de usuarios que contaban con correo electrónico en el 2000 era de 40 millones y hoy este indicador asciende a más de 6,000 millones.

Lo anterior, sin considerar que al menos un 52% de la población mundial accede a sus contenidos favoritos y “navega” por medio de sus smartphones, incrementando consecuentemente el número de usuarios de internet.

Para dimensionar dicho impacto, pensemos tan solo que en este último minuto se han enviado más de 41,000 millones de mensajes de WhatsApp en todo el planeta, y eso sin contar otras plataformas igualmente populares o asistidas, como lo son Facebook, Twitter y Messenger.

A este último dato hay que sumarle las repercusiones de la actual pandemia sanitaria provocada por la COVID-19, que ha influido de manera directa en notables cambios de hábitos relacionados particularmente con el consumo, el trabajo, el estudio y las relaciones interpersonales.

 

El eslabón más débil

Estamos asumiendo que toda esta interacción se realiza a voluntad o con el consentimiento de los usuarios, algo que no sucedería si un gusano de las características del LoveLetter apareciera nuevamente en el escenario.

Las numerosas y diversificadas infraestructuras tecnológicas de la actualidad nos sugieren que el gusano en cuestión podría colapsar al mundo entero en apenas unos cuantos minutos.

Pero la tecnología por sí misma nunca ha sido el problema, sino la manera en la que la utilizamos. En ese sentido, las mejores prácticas en materia de protección informática y sobre todo una mayor educación por parte de los usuarios serían de mucha ayuda para evitar una catástrofe como la antes mencionada.